jueves, 25 de julio de 2013

PROYECTO: "CHOLIFICAR EL ARTE OCCIDENTAL" II

SEGUNDO ACTO



91 LATAS CON MIERDA
DE ARTISTAS NACIONALES
 
(PERFORMANCE-ARTE OBJETO)

AUTOR:
Mario Fernando García

COAUTORES:
Sabina Paredes, Javier León, Nelson Santos, Juan Arellano, Javier Escudero, Hernán Cueva, Jenny Fraga, Fernando Guerrero, Manuel Ortega, Julio Guevara, María Moreira, Daniela Estévez, Cintia Román...
Apropiación y "cholificación" de la obra "Artist´s Shit", de Piero Manzoni (1961).

CITAS DE REFERENCIA:
"Todo lo que sale del artista, es arte"
Piero Manzoni
“Todo lo que escupe el artista, es arte.”
Kurt Switters
“Cada hombre es un artista.”
Joseph Beuys

“Si era un artista y estaba en el taller, entonces cualquier cosa que estuviese haciendo en el taller debía ser arte.”
Bruce Nauman

 "Si era un hombre -o mujer- artista y estaba en el taller, entonces cualquier cosa que saliera de mí, escupiera o estuviera haciendo en el taller debía ser arte; a menos que..."

              
                              
El "campo dominante" del arte (Bourdieu) es emulado inútilmente -a pequeña escala- en la ciudad de Quito (Ecuador), principalmente por parte de sujetos y círculos sociales pertenecientes a las capas más occidentalizadas o en proceso de serlo (estudiantes). Casi todos los artistas locales tratan de establecer empatía con los principios de ese arte, practicando la estrategia de la "mímesis complaciente" ya desde épocas coloniales y republicanas, sin resultados considerables, lamentablemente.

Sobre esa dependencia cultural se ha teorizado ya bastante: Marta Traba (Dos décadas vulnerables de las artes plásticas latinoamericanas) y Juan Acha (Las culturas estéticas de América Latina) constituyen un buen ejemplo de lo mencionado. Oswald de Andrade (1928) nos dijo: "solo me interesa lo que no es mío" en su manifiesto antropófago, dando cuenta y enfrentando el problema con responsabilidad social.
Ahora, sin embargo, su pensamiento crítico al parecer se disolvió en la nada, en el ámbito artístico nacional, dentro del cual los actores sociales ignoran o aparentan ignorar los factores que aún inciden sobre la valoración de su producción artística y sobre su propia significación. Sobre tal significación del artista local ya he hablado en una de mis obras: "El significante es el significado" (Diálogo de Imaginarios, I Expo FAUCE, Centro Cultural Metropolitano, 2011) tratando de comprender y denunciar las reglas del juego del arte local, a ser diferentes formas de simpatía:

a) Simpatizar con los criterios mayoritarios, sociales o de grupo (masas) buscando la inserción -por aceptación- del sujeto dentro de un colectivo, del que luego se obtendrá alguna ventaja útil a su supervivencia. Pues bien, si dicho colectivo supone el aprecio por uno u otro arte, entonces habrá que afiliarse al mismo, como un cardumen, mientras más al centro y menos diferente, mejor.

b) Simpatizar con el "poder social" de élite, para obtener de él el respaldo y aval necesario para poder emerger de entre los "nadies", tal cual lo hacen algunos artistas que conozco. Chupar, bailar, fumar, tomar cafesito y enseñarle los dientes en señal de disimulada sumisión, como buen primate.

c) Simpatizar con los discursos y valores del espacio social occidental y del campo dominante del arte mundial. Y cómo no hacerlo, habría que ser bien bruto o una especie de suicida social, cuando uno de los principios fundamentales es "mantenerse cerca y empático al Poder" y así sobrevivir recogiendo lo que a éste se le cae de la boca.

d) Simpatizar con las estéticas, los modos, las costumbres, los criterios, los sitios, los diálogos, los enemigos y los miedos. Y así tener una calmada, asalariada, normal, larga y autorizada vida. Tal cual los primeros indiecitos que se dedicaron a copiar de los manuales de iconografía religiosa y real traídos de Europa.

El punto es el siguiente: "Occidente", frente a tanta simpatía subalterna -ya tradicional-, se impone por sobre cualquier discurso artístico e impide la emergencia del "arte o artistas periféricos" a ese símbolo, en especial de origen local, más aún siendo de estratos socio-económicos medios o bajos (esto sucede también en la Política, el gobierno lo sabe). Aquí debemos afrontar el hecho de que el "arte culto" nacional, de un tiempo acá está siendo arrebatado por las clases sociales altas esgrimiendo un discurso altamente ilustrado. Un buen ejemplo de lo dicho es la tendencia a premiar la "trayectoria" del artista, que se adorna barrocamente de evidencias eurocéntricas (estudios en el corazón de Europa, participaciones en numerosísimos eventos internacionales, capacidad retórica y discursos racionalistas encriptados) y engorda currículums y catálogos antológicos con los que los artistas de pueblo solo pueden soñar. Ello implica una gran inversión en la educación del artista, en tiempo dedicado al arte y no a la supervivencia salarial, en viajes, gestiones, amigos, fiestas, tejidos y tejidos propios de la clase social alta.

Así pues, el tema del arte parece ser -sobre todo- un asunto de "poder social" y no de "calidad plástica o teórica", como tanto se argumenta hoy en día en un esfuerzo por ocultar la realidad, y parece aún estar atravesado por valores medievales y poscoloniales.

Por ello, en este segundo acto (obra), en un tono satírico, cada una de las 91 latas mencionadas en el título, dialoga con la obra original de Piero Manzoni y sus fundamentos, y son -evidentemente- la parodia de un esfuerzo local hasta ahora inútil por tratar de acceder al circuito mundial del arte en base a la simple e ingenua "mímesis complaciente" de los "hábitos alimenticios" del llamado "primer mundo", sin considerar los factores determinantes de clase, raza y geografía antes descritos (dejando de lado el mercado).

Así pues, como metáfora, los co-autores locales -si es que los hay, caso contrario e de cagarme en todas las 91 latas- de esta obra, habrán ingerido previamente alguno de los correspondientes productos prestigiosos (aceitunas, vino, jamón serrano, camembert, pesto, jd, café valdez, etc.), al tiempo que habrán leído textos teóricos universales, con fondo musical clásico, barroco o alternativo, sentados sobre sillas plegables o su equivalente, frente al mar o paisajes volcánicos, con copa en mano, vistiendo ropa fina o cool, en actitud crítica ilustrada, etc. Para evaluar luego, la "calidad" de su "residuo digestivo" (esto es una metáfora) en relación al proveniente del intestino extranjero, y así establecer objetivamente las características y el valor social a nivel global de la "merda d´artista quiteño".
"En un estudio realizado sobre 30 textos de "arte culto" de categoría “universal”, de edición reciente, europea y norteamericana, no se encuentra registrado ni un solo artista ecuatoriano o quiteño, del pasado o del presente -ni siquiera Guayasamín-, lo cual da cuenta de su exclusión absoluta del campo del arte mundial, y de su historia, génesis, circuitos y mercado"
LA JODIDA POSICIÓN SIMBÓLICA DEL ARTE QUITEÑO CONTEMPORÁNEO", FAUCE, 2013). 

lunes, 8 de julio de 2013

PROYECTO: "CHOLIFICAR EL ARTE OCCIDENTAL" I



PRIMER ACTO

"CHOLIFICANDO EL ARTE OCCIDENTAL"
(PERFORMANCE)
Autores:
Mario García y Byron Mendoza 

Apropiación y "cholificación" de la obra “Walking in a Exaggerated Manner Around the Perimeter of a Square" de autoría de Bruce Nauman (1968).


Byron Mendoza caminando alrededor de un cuadrado en el mercado de San Roque.




CITAS DE REFERENCIA:

· “…aunque parta del supuesto de que hace miles de años la humanidad entera produce esas formas sensibles cuyo juego funda significaciones (esa práctica que la estética occidental llama arte), de hecho, el modelo universal de arte es el correspondiente al producido en Occidente en un período históricamente muy breve (siglos XVI al XX).”
Ticio Escobar

· “El concepto de arte, se sabe, es occidental. Surgió en la Europa del Renacimiento…”
Adolfo Colombres

· “En cuanto marca de refinamiento y progreso, el concepto de civilización es valorado como un estado avanzado y superior de la Humanidad, en el que la ignorancia debe ser superada en un proceso de perfeccionamiento continuo. En pos de dicho objeto, tanto la “cultura” como la “civilización” son concebidas como desarrollos universales, que alcanzan a la totalidad de los pueblos e, incluso, a aquellas etnias con mayor retraso respecto a esa línea evolutiva. Es así que durante el transcurso de aquel siglo (XVIII), ambos términos no solo alcanzan prácticamente el rango de sinónimos, sino que, además –como se advertirá luego- , se extienden como parámetros para la medición del “nivel de civilidad” de las naciones; de hecho, ya en el marco de los procesos en torno al desarrollo, serán los rasgos que permitirá a Europa presentarse como la máxima institución cultural y la encargada de colonizar y civilizar a los llamados países “subdesarrollados”.”
Bruno Maccari y Pablo Montiel

· “…es manifiesto que la concepción ilustrada de la cultura conllevó la extensión y posterior naturalización de una serie de valoraciones; a saber: la universalidad y “unicidad” de la cultura; las artes, la literatura y las ciencias como las manifestaciones culturales más elevadas; la caracterización de la cultura europea como “avanzada”, “civilizada” y “superior”; y la noción de progreso cultural, cuyos parámetros están representados por la mencionada civilización europea.”
Bruno Maccari y Pablo Montiel

· “Todo lo que escupe el artista, es arte.”
Kurt Switters

· “Todo lo que sale del artista, es arte.”
Piero Manzoni

· “Si era un artista y estaba en el taller, entonces cualquier cosa que estuviese haciendo en el taller debía ser arte.”
Bruce Nauman

“Cada hombre es un artista.”
Joseph Beuys


Para nosotros es indispensable recuperar el símbolo del arte, hoy en manos de Occidente, "cholificando" premeditadamente aquel arte occidental que entra en contacto con las culturas latinoamericanas y, a la par, dar cuenta del cambio que involuntariamente experimenta el arte occidental en su proceso de superposición al medio latinoamericano. Es decir, evidenciar un tipo de cholificación inversa, de lo occidental en contacto con lo andino (en oposición al concepto original de “cholificación”), y cuyo hecho no se entienda como un proceso degenerativo, sino propositivo. Coadyuvando a la construcción de un arte local con sus particularidades –y no puro o aislado-, apuntando a su reivindicación dentro del campo mundial, en base a la “inserción viral” de elementos significativos-estéticos, propios de la cultura local, principalmente –pero no exclusivamente- de herencia andina prehispánica –a más de mestiza-, sobre formatos, conceptos y obras representativas del arte occidental contemporáneo de tipo performático. Dando cuenta de los elementos artísticos locales –por ende culturales- que históricamente han quedado por fuera del arte culto –y con ellos sus pueblos-, y en segunda instancia entendiendo el arte culto como un ejercicio de autoridad –al servicio de una estructura social colonial- practicado inconscientemente por medio de la institucionalidad (la tradición, la academia, la estética, la ética, la política y el “buen gusto”) en general a favor de la conservación del estatus quo dominante a nivel global. Situación que ha desautorizado las manifestaciones artísticas periféricas, más allá de su condición de calidad, en beneficio del campo del arte occidental y por ende de su mercado.



Byron Mendoza interpretando la performance "Cholificando el arte occidental", en el Mercado de San Roque.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA
AUTORES: Mario F. García y Byron Mendoza
INTÉRPRETE: Byron Mendoza
GÉNERO: Performance
DURACIÓN: 15 minutos
LUGAR: Mercado de San Roque, Quito - Ecuador.
EVENTO: Primer Salón de Arte Contemporáneo "San Roque", organizado por Cintya Román y Rubén Toapanta.
FECHA: Julio 12 de 2013




"Cholificando el arte occidental", en la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador (Quito, 25 de julio de 2013).







jueves, 4 de julio de 2013

"COMO UNA OVEJA" (PERFORMANCE DE MÓNICA JEREZ)


 
Es evidente que la obra de la artista Mónica Jerez (estudiante de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador) expresa sus significados de manera clara y sin encriptamientos conceptuales –vicio recurrente en el arte contemporáneo- siendo sin embargo una obra de características contemporáneas, debido a los medios empleados, a la temática tratada y a su presentación pública y profana.



“COMO UNA OVEJA” (05-07-2013) nos habla de la capacidad cierta que el arte contemporáneo quiteño tiene -ya no solo potencialmente- de interactuar efectivamente con la sociedad y cultura en que se desenvuelve, con el “verdadero espectador”: el transeúnte de las calles, universidades y otros espacios públicos de lo cotidiano, recorridos por hombres, mujeres, niños, jóvenes y viejos, de todos los géneros, sin “intención cultural” alguna, a diferencia de cuando se visita un centro cultural tradicional, siempre un poco a la fuerza.
Mónica lo consigue con valentía, con base estadística y con el apoyo de una juventud consciente y “sin-vergüenza” que se agrega a su propuesta, pues la entiende como una acción performática necesaria e inteligente, que aglutina el sentir individual, desde la experiencia personal e íntima, hacia una unidad visible por voluminosa, y descaradamente confrontativa, a la que le urgen respuestas y soluciones concretas por parte de la institucionalidad oficial y de la cultura machista en que estamos tod@s inmers@s.

 
Así mismo, otras artistas de la FAUCE, con su obra “NO TODO ES COLOR ROSA” se preguntan: “…por qué la mujer –ante la sociedad- en lugar de ser víctima, termina siendo culpable de lo que ha sucedido…” (Aracely Guachamín y Mayra Iza, 2013) supuestamente debido a su “vestimenta provocativa” y a su “conducta libertina”. “Es culpa de las chicas”, se escucha con frecuencia, frente a los últimos acontecimientos de femicidio acaecidos en nuestro medio, dando cuenta de un juicio simplista que en la práctica conduce al retroceso de los derechos de la mujer en cuanto a sus libertades de decisión y acción dentro de la sociedad ecuatoriana: niñas y adolescentes “mejor guardadas” dentro de sus casas, padres enfadados, mujeres temerosas. Lo que en suma hace de la nuestra una sociedad menos justa.
Ambas son acciones artísticas que redefinen –localmente- el rol tradicional del artista, ubicándolo como un agente social políticamente activo e indispensable.

domingo, 9 de junio de 2013

EL PECADO DE CHOLANGO


En el Ecuador, buena parte de la población rechaza el reclamo “indigenista” que el artista ecuatoriano Amaru Cholango realiza constantemente a través de su obra visual y de textos políticos publicados por la prensa. Amaru utiliza su condición indígena como el recurso principal de su accionar artístico y como emblema de lucha, exigiendo un arte que se libere de la institucionalidad colonial contemporánea.[1]

Se le acusa de hacer un:                                                 

“…doble uso instrumental: de su condición de artista (genio, última palabra) y de indígena (esperando por ello una discriminación positiva).”[2]

Y de exigirle a la institución:

“Porque soy indio me tienen que dar plata”[3]

Sin embargo, nadie parece observar la condición que la institución del arte exige de los artistas contemporáneos:
a)      La educación académica –tal como está configurada actualmente-.

b)      La retórica académica.

c)       La cultura ilustrada.

d)      En suma, la filiación al arte enraizado en occidente, o por lo menos a un arte de espaldas a componentes de sentido locales.[4]

Lo que equivale a decir:

                “porque soy ilustrado me tienen que avalar y dar plata” (y mucho mejor cuanto más cerca de la “fuente”)

Es decir, en nuestro país:

                “vale más ser ilustrado que indio”,

cuando ambas condiciones responden a particulares epistemes –lamentablemente atravesadas por el Poscolonialismo y su escala de valores que ya todos conocemos-. Hecho que entre los artistas quiteños ha generado una carrera atroz por hacerse del poder del conocimiento académico y de su retórica de clase “cada vez más encriptada y alejada de las capas indígenas y populares”.

En el fondo sucede lo siguiente, Cholango cometió un pecado social, y este fue: desarrollarse y posicionarse como artista pasando por alto las reglas de juego del campo del arte nacional. Siendo indio y por ello con pocas oportunidades (racismo) fue inteligente actuar desde el extranjero, interpretando luego un doble símbolo al visitar el Ecuador: el de admirable semi-extranjero venido del primer mundo, y el de “indio alzado” con posición política. Menos mal no le hizo falta a Cholango pagar ningún tributo: desarrollar un discurso ultra intelectual, ni relacionarse con la crema y nata del arte ecuatoriano; ese es en el fondo su imperdonable pecado y a la vez su más grande virtud.

Cholango es un fenómeno interesante -a estudiar- pues representa la defensa de lo indio desde una condición indígena híbrida, aferrada sin embargo a su ancestro, dando cuenta de una forma diferente de resistencia. A mi parecer nos proporciona una de las puntas de madeja que puede ayudar a desatar el enredijo del arte contemporáneo local y a la larga de la sociedad y cultura ecuatoriana, para construir, a tono con lo que propone Acha (un pensamiento visual independiente) un verdadero arte ecuatoriano, y no una sucursal provinciana. Proyecto posible únicamente en el marco de la reconciliación racial y cultural, marcado por el aprecio del ancestro y diferencia indígena.






[4] Al que nada aportan las metodologías o estéticas relacionales.

miércoles, 5 de junio de 2013

"CONTROL SOCIAL"




En toda sociedad existen normativas predominantes que reglamentan la vida comunitaria, y que contrastan, a veces conflictivamente, con las diferentes nociones y prácticas operadas por grupos sociales diversos o por sujetos en particular, por tanto es indispensable abordar el conflicto generado entre el derecho de autodefinición, decisión y acción de los individuos y las organizaciones sociales menores, en oposición o fricción a la normatividad rígida y homogénea emanada e impuesta a través del Estado en base a convenciones sociales democráticas que generalmente afectan negativamente la vida de grupos y minorías históricas y emergentes (indios, negros, cholos, subculturas urbanas, GLBT, feministas, polígamos, artistas, etc.). Además, esta es una problemática existente dentro de nuestra realidad cotidiana, a otro nivel vinculado, que evidencia la tensión entre la sociedad civil y los entes de control social (retratados), en gran medida derivada del conflicto entre el Estado y sus propios organismos:  la problemática del histórico rol político que han desempeñado las fuerzas del orden público en la configuración y administración de los estados latinoamericanos, y que de alguna manera les ha llevado hacia la desfiguración y desprestigio institucional, en la medida que aquel rol político ha afectado su desempeño y función originalmente establecida, confrontándoles violentamente y de manera recurrente a la sociedad civil y al mismo Estado.

 

La obra "CONTROL SOCIAL" aborda una problemática a voces, tratada en cada hogar y entre amigos, pero paradójicamente invisible en el espacio público, más allá de la noticia rentable. Parece ser que existe una fuerza social que impide su tratamiento sostenido y por tanto su solución. Sin embargo no es ésta la única tara que convive oculta en nuestro medio, pues existen muchas más vinculadas al clasismo de raigambre colonial.  Por ello le he dedicado una obra perenne, para tenerla presente como a un monumento desagradable que constituye parte importante de nuestra identidad cultural.

 


 
 
TÍTULO: CONTROL SOCIAL
AUTOR: MARIO F. GARCÍA
MUESTRA: EL DESEO EN LA FORMA, II EXPO FAUCE
LUGAR: CENTRO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE QUITO (CAC)
MARZO -ABRIL DE 2013
 

jueves, 28 de marzo de 2013

LA REVOLUCIÓN DE LOS "SALVAJES": PATRIA PARA LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Europa surge como potencia mundial a partir del siglo XVI y con ello inicia su proceso colonizador del mundo (Portugal y España se reparten territorios en América y África –del S.XVI al S.XIX-). Con una segunda etapa consistente en la expansión de Inglaterra y Francia (dominando militarmente territorios en América, Asia, India, África, Australia, Oceanía, etc. –desde inicios del S.XIX hasta mediados del S.XX-). Período "colonial" que a su culminación dio paso a la llamada etapa "poscolonial", a nivel mundial, coincidente con la emancipación de la India en 1947.

El colonialismo modificó en gran medida las estructuras sociales y contenidos culturales de los pueblos subyugados, sobre todo a nivel estatal e institucional. Y de manera parcial y segmentada a nivel popular y subjetivo.
A su retirada de los territorios ocupados, los países colonizadores dejaron en ellos su modelo social, gran parte de su cultura y su misma corporalidad en los descendientes criollos y en la institucionalidad local regida por el ideal civilizatorio impuesto (orden social basado en el racismo y etnocentrismo, conocimiento científico y cultura occidental), lo cual significó una retirada parcial, a nivel físico, pero no así a nivel simbólico (entendido lo simbólico como el valor, importancia o autoridad que un objeto dado detenta dentro de un sistema social). Lo que entendemos por "colonialidad".
Luego de tal proceso, los pueblos emancipados (paradójicamente estratificados bajo un modelo colonial) a nivel oficial, estatal o republicano, no retomaron el orden social precolonial, ni sus propios conocimientos ni su cultura. Por ello se habla justamente de un periodo poscolonial que representa no la terminación sino la continuidad de la colonialismo europeo reproducido por sus descendientes criollos y consentido por el resto de la población, en este caso americana.
Buena parte de tal población, dividida en tres estratos (blancos criollos; mestizos e indios occidentalizados; y mestizos e indios de raigambre precolombina) mantiene en la actualidad actitudes y conductas puristas, hibridas o precolombinas (ciertamente sincretizadas) periféricas al poder social concentrado principalmente en la población blanca y mestiza occidentalizada que detenta una tradicional (colonial) posición aventajada en el campo social local, acaparando en para sí los capitales simbólico, cultural y social (Bourdieu), hecho que a este grupo le ha permitido poseer,  pertenecer o acceder legítimamente a los recursos y privilegios disponibles en el campo social: capitales económicos y propiedades; capitales culturales colonialmente dominantes tales como las artes y las ciencias; capitales sociales como el acceso a círculos sociales altos económicamente privilegiados que reproducen y avalan el orden social postcolonial y a sus correspondientes actores (blancos, mestizos e indios occidentalizados, aunque éstos últimos actúan generalmente bajo una relación subalterna). Evidentemente este esquema excluye el caso del segmento existente blanco asalariado (es decir subalterno) y de parientes pobres de la aristocracia colonial, grupos que sin embargo acceden privilegiadamente a los recursos propios de su estatus popular y a los favores de la élite, por sobre otros agentes sociales de su mismo grupo. Excluye también el caso de los mestizos e indios que a fuerza de “blanqueamiento cultural”[1] han accedido parcialmente a los privilegios mencionados, mas nunca a la categoría estética.
En ese marco se ha gestado -por ejemplo- el estado ecuatoriano; sus constituciones políticas; sus instituciones administrativas y educativas; sus instituciones culturales. Desde ese poder político avalado en un espacio social simbólicamente colonial, es desde donde se han emanado, las políticas sociales y culturales (el arte entre ellas) dominantes. En el caso del Ecuador, ya desde 1830. Esta condición da cuenta de la existencia de dos formas de emancipación independentista periférica. La primera constituida e impulsada por agentes sociales desprendidos del poder social central de orden colonial, en busca de independencia político-económica, mas no social o cultural. Y la segunda, constituida e impulsada por agentes sociales periféricos ajenos al poder social central de orden colonial, en busca de independencia político-económica, además de social y cultural. E allí la diferencia clave. Tal revolución nunca existió.
Está claro que la emancipación independentista americana fue protagonizada por el primer grupo de agentes sociales, desprendidos del núcleo colonial y por tanto partidarios de la esencia  de su orden y contenidos socio-cultural originales. Una revolución político-económica que para América precolombina, india e incluso mestiza, no significó la liberación del yugo colonial sino la continuación de su modelo bajo otro gobierno.
Por tanto, América precolombina en el presente siglo XXI mantiene su condición colonial, más o menos cómoda o incómoda según los “distintos” estratos y orígenes socio-culturales de los agentes que la conforman, en su mayoría de origen mestizo-andino, he allí el problema. Y es que la colonialidad no es simplemente un asunto de dominación física y violenta de un territorio ocupado por otro grupo humano, sino la imposición de códigos socio-culturales sobre el imaginario colectivo de otra comunidad con el fin siempre económico de dominarla-adherirla, sin aceptarla por completo sin embargo, ni permitirle el acceso a recursos y privilegios de mayor nivel. Para que tal cosa sea posible es necesario sembrar en la mente del pueblo dominado la noción de "auto inferioridad" ante el pueblo colono (conformismo), ello se consigue masificando un modelo educativo perverso que en sí es el modelo colonial, y cuya misión y mensaje central es: "el poder, el conocimiento y el estilo de vida apropiados son emanados desde un núcleo colonial; jamás desde su periferia. El poder, el conocimiento y el estilo de vida, aunque potencialmente gestados en la periferia, siempre lo serán en base a modelos, estándares, metodologías y avales coloniales (europeos)". Fin de la historia.
América precolombina y mestiza está enterrada bajo un grueso estrato de poder colonial, sin posibilidades emancipatorias más allá de las que su pueblo indígena –aún intacto en gran medida- pueda gestar "por fuera del espacio social occidental", y eso incluye el campo académico.  La revolución de los salvajes será entonces la verdadera revolución americana.
Mario Fernando García, marzo de 2013



[1] Teoría Poscolonial, Grupo Modernidad/Colonialidad: refiriéndose a la Colonialidad del Poder (predominancia de raza, fenotipo y cultura).

sábado, 16 de marzo de 2013

NO ME GUSTA LA DANZA ECUATORIANA

Al menos aquella que se practica mayormente dentro de escenarios cultos (teatros) en esos géneros puros y eclécticos etiquetados bajo lo contemporáneo.

No me gusta la danza ecuatoriana, parece un montaje de fragmentos sin sentido. Lo digo humildemente considerando claro está las variables de mi ignorancia y plataforma cultural.

Los bailarines denotan el conteo coreográfico, no por ineptitud o inexperiencia sino por obediencia, lo sospecho.

Sé que sonará machista y superfluo pero me confieso: me decepciona y a falta de algo más interesante antes de terminar admirando el cuerpo de las chicas para ver cual me parece más sensual o de rostro bello, me retiro del auditorio para conservar mi dignidad.

Los clichés son evidentes, los lugares comunes, esos movimientos reproducidos y aislados entre sí, no los soporto, no asisto a espectar un repaso de la técnica o ejercicios aeróbicos, asisto a experimentar arte.

Los bailarines son demasiado jóvenes para una coreografía que tal parece se les impone dictatorialmente. No es políticamente correcto lo que he dicho, lo sé, pero ya lo explicaré.

Al parecer el bailarín se convierte en mero instrumento plástico de una cuestionable inteligencia autora y coreográfica superior a él. Tras sus movimientos se evidencia una voluntad que no es la suya y da asco a quien entiende el arte desde el concepto, el sentir y el deseo.

Se coarta la libertad expresiva del bailarín, al parecer bajo su propia sumisión, por eso digo que son muy jóvenes para oponerse a ello, no para la técnica, el deseo o el derecho a serlo.

Esta danza carece de corazón y se nota en los movimientos repasados y autómatas de los bailarines, en sus expresiones faciales duras y sonrisas de protocolo.

La belleza prima. Esa belleza venida que desembarcó en esta geografía para quedarse como implacable curadora de los cuerpos.

Los estereotipos son evidentes y empobrecen el lenguaje corporal reduciéndolo a lo graham.

Se evidencia la selección de los cuerpos y la estereotipación de los centros de interés compositivo, siempre vemos en primer plano la dama de piernas largas y el caballero alto.

Queda poco espacio para la anomalía –inherente al arte-, nada para la diversidad corporal,  para la personalidad y el pensamiento del bailarín hecho movimiento y viceversa.

Es recurrente el “exotismo culto” ecléctico, jerarquizado, no bajo la academia o tradición europea, sino bajo el academismo riguroso, no del pasado, sino de su escritura dinámica y reciente. Lamentablemente la reproducción de la regla aún no se rompe.

El fracaso de esa codigofagia provinciana paradójicamente alimenta lo provinciano y hace metástasis en el público, en sus aplausos vacilantes, en su asistencia siempre insuficiente o en las presentaciones financiadas por parientes o por la institución pública.

Desde mi entendimiento en la danza el artista (bailarín) no es un robot ejecutor, es mas bien un ente lúdico, mago, sacerdote, declamador, animal en celo, sujeto en trance, demonio, víctima y agresor, él y nosotros, autor y medio; suda, siente, respira, adolece, goza, ríe, celebra, seduce, llora, ama agrede… expresa o traduce formalmente no necesariamente desde la conciencia o el sistema su experiencia vital, el artista bailarín es un todo, piensa, siente y se mueve de manera simultánea. Es el dueño de su cuerpo y se une al universo cada vez que danza pues cada gesto es significante por momentáneo al ritmo de su nervio y no del 123 programado. Usa la técnica en beneficio de su proyecto y no al contrario. Como el jazz y la catarsis. Nos lleva con él.

Pido libertad, menos ortodoxia coreográfica, coautoría para los bailarines; mayor inteligencia, generosidad y campo para los autores.

Si no se puede al menos busquemos otra denominación para hablar de danza ecuatoriana.

Sin generalizar.

Disculpe usted, lo que he dicho lo llevaba en el pecho hace varios años.

Mario F. García

Marzo, 2013.